lunes, 5 de febrero de 2018

Apostolado en el comedor del Patrocinio.

Justo a las 12:30 tomo mi bata blanca bordada con mi nombre y bajo al -1 de mi casa donde están los pequeños entrando al servicio y  sentándose para  comer.
Los Platos están puestos, los cubiertos tocados y retocados por los niños que van entrando al salón donde están puestas 4 filas de a 5 mesas cada una.
Lo primero que hay que hacer es llamar la atención de los 55 niños con un golpe del caso indicando que es la hora de poner orden y subir la mano derecha arriba para bendecir la mesa, todos, a veces unánimes, otras, no tanto comienzan a repetir:
” Te damos gracias Señor por los alimentos que vamos a tomar y por la Señora que los ha preparado. Amén”



Paso siguiente,  Sor Encarnación, Mayra, Ana y yo nos disponemos a tomar una sopera y  servir el primer plato, los niños están afanosos  de saber que toca hoy, el plato favorito son los macarrones con tomate, desde los pequeños de 3 años hasta los de 5 años toman la cuchara y comienzan a comer, eso no garantiza que terminaran solos, pero sí que saben comer solos, solo que a veces es mejor dejarse mimar.


En medio de la faena de ir y venir, recorrer toda la sala, consolando los más pequeños que quieren irse con su madre, otros que traen muchos caprichos en la forma de comer, los enfermos, los que devuelven, los que se hacen pis en la silla, los que se dejan escapar otras cosas, los que…, siempre hay una cosa buena que sacar, a mi particularmente me da alegría escuchar  “Carolina” para que acuda a ellos, o ver que  al llegar sor Encarnación  salen los más pequeños a abrazarla como si no la hubieran visto en muchos días.

 A veces es un ruido inmenso, se van desesperando los más rápidos esperando a los que mastican a modo tortuga y me preguntan ¿cuándo hacemos la fila  para ir al patio?, y yo respondo: “cuando terminen los otros amigos”, y,  a pesar de no superan los 5 años todos han ido aprendiendo a comer más rápido, a esperar con un poquitín de paciencia, a pedir ayuda, a hacerse amigos, a ver que estar juntos en el comedor es una pasada.

El segundo plato es el más fácil,  la mayoría de niños se lo comen estupendamente, con algunos hacemos excepción les damos también el postre y así van mezclando y terminan a tiempo de irnos a jugar.
En fechas especiales el postre es helado, profiteroles o chuches y normalmente fruta y yogurt.

 La comida de Carmen como se llama la cocinera está muy rica y los niños están satisfechos.

Solo nos queda de deber enseñarles el valor de la comida en comparación con los millones de niños que no la tienen y  a ser agradecidos por tenerlo todo de sobra.


Es un gran regalo que a las 12:30 pueda bajar cada día al -1 a realizar este  apostolado que la Congregación me da para vivir y compartir en esta realidad. 

1 comentario:

  1. Hacía tiempo que no paseaba por tu blog. Me han gustado mucho tus reflexiones y experiencias con motivo del día de la Vida Consagrada. Me alegra mucho ver que eres feliz en la vocación a la que el Señor te ha llamado. Un abrazo

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